el arte del compartir es el arte de la felicidad

Entrevista con Franco Bifo Berardi*

Colectivo La Tribu

En la tercera edición de Fábrica de Fallas (noviembre 2010, Buenos Aires) realizamos una videoconferencia con el mediactivista, teórico y docente Franco “Bifo” Berardi, desde su ciudad natal, Bologna, Italia.

Bifo es uno de los personajes más interesantes de la escena teórica global. Licenciado en estética, en el 68 participó como estudiante de los levantamientos estudiantiles en Italia, al tiempo que comenzaba a publicar sus escritos. Su primero libro se llamó Contra el trabajo, editado en 1970. En 1975 funda la revista A/traverso, una publicación histórica que aportó una serie de reflexiones sumamente importantes en el campo de la autonomía. En 1976 fue también el fundador de Radio Alice, emisora autoproclamada como mao dadaísta, que fue una de las experiencias más inspiradoras para las prácticas de la comunicación alternativa y comunitaria en todo el mundo. Luego de la represión en Italia, Bifo tomó la decisión de exiliarse en Francia, donde compartió espacios de reflexión con pensadores de la talla de Michel Foucault y Felix Guattari, entre otros.
Según Bifo, “la palabra felicidad está al centro, al corazón de la historia de la política moderna, al punto que la constitución de los EEUU la considera como un derecho básico de los seres humanos, de los ciudadanos. Y cabe preguntarse, sobre todo, qué significa en las condiciones nuevas que vivimos en la época del semiocapitalismo. Si la palabra felicidad tiene un sentido, es especialmente sensible en la condición del semiocapital, que es también la condición de explotación del trabajo mental, del trabajo afectivo y de todas las formas de trabajo que pertenecen a la esfera de la afectividad”.

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La trayectoria intelectual de Bifo se modificó consecuentemente a lo largo de los años. Esto se nota al referirse a algunos cambios en sus referencias teóricas:

“Recuerdo cuando en un tiempo lejano, en los años 60, el marxismo escolástico consideraba necesario distinguir, separar, un nivel estructural, material de un nivel superestructural: la cultura, la comunicación, el lenguaje, los afectos. Pero era una distinción muy abstracta, que tenía una significación histórica, vinculada a la época industrial, en la cual la explotación era esencialmente explotación del trabajo físico, del trabajo muscular. Nosotrxs, post industriales, nosotrxs que vivimos en un mundo en el cual la valorización capitalista se funda, básicamente, sobre la explotación del cerebro, de la comunicación y del trabajo semiótico, sabemos muy bien que no hay nada más estructural y materialista, que la afección, el lenguaje, la comunicación. Hoy es la comunicación la que produce los efectos de valorización del capital. Es la esfera en la cual se hace posible el intercambio financiero, el intercambio en la red de producción global. Ya no podemos hablar de un materialismo contemporáneo si no hablamos del carácter material de la dimensión afectiva, de la dimensión relacional, psíquica. La explotación capitalista hoy, se realiza primeramente en la explotación del lenguaje, del intercambio comunicativo. Y eso significa también que el sufrimiento, la dimensión subjetiva producida por la explotación, es primeramente una dimensión psíquica y afectiva. Es la nueva forma de alienación en nuestra época. En los años 50 y 60, cuando Marcuse y Adorno hablaban de alienación, la cuestión central era la de un trabajo continuo, la repetición infinita de las mismas acciones, de los mismos comportamientos, la infernal condición obrera del trabajo físico para toda la vida que mata a la vida misma, que mata la posibilidad de nuevas experiencias de libertad. Esta era la vieja explotación industrial. Pero hoy vivimos en una nueva condición de alienación, que produce directamente efectos de psicopatía, de sufrimiento a nivel mental. Yo creo que sería un error muy estúpido desear un regreso a la época de la seguridad del trabajo para toda la vida. La vida no es un trabajo seguro o un trabajo precario. El problema es la liberación de la actividad desde la forma del trabajo. Trabajo no es una palabra natural. Es una forma específica de la actividad humana, de la relación entre el hombre, la mujer y la naturaleza. Es una forma específica de la actividad de comunicación entre seres humanos. Esta actividad puede vivirse en una condición de elección, de variación, de deseo, o puede ser aceptada como una maldición inevitable.


El problema de la felicidad es esencialmente un problema de desvinculación de la actividad de la forma determinada, histórica, capitalista, de trabajo. Este problema puede parecer simplemente filosófico, pero no lo es. Yo creo que si queremos hablar de felicidad e infelicidad en la esfera del semiocapitalismo tenemos que reflexionar sobre la relación entre amistad y competición en nuestra época. Es el problema crucial del precariado. ¿Qué significa trabajo precario, precariedad y precarización? Es una forma jurídica de relación entre el capitalista y el trabajador, pero no solo eso, no es solo una fragmentación de la relación jurídica, es algo más profundo. No es solo la persona jurídica que muta y se fragmenta en la precarización. Es la percepción misma del tiempo. El tiempo no nos pertenece, no pertenece al trabajador precario, no pertenece más a la persona. El tiempo se hace como una extensión infinita y fragmentaria al mismo tiempo, se hace alienante en la dimensión social del trabajo. El tiempo se convierte en una extensión, un océano, un mar, un desierto, en el cual el capital puede capturar fragmentos, fractales, células, de este tiempo que puede ser recombinado por el capital al interior del ciclo global de la valorización. Pero, ¿qué sucede desde el punto de vista subjetivo? El tiempo no nos pertenece y nuestra manera de vivir el tiempo y la relación se hace principalmente competitiva. Es la competición entre los precarios lo que les impide crear una relación de amistad y de solidaridad. Yo creo que la principal debilidad del trabajo contemporáneo, especialmente del trabajo precario, está en la dificultad de crear relaciones durables, relaciones en las cuales la amistad sea más importante que la competencia. La guerra domina las relaciones entre los seres humanos en condiciones de precarización. Si queremos imaginar una felicidad posible, ese es el obstáculo. La felicidad es aquí el objeto de la acción, de la lucha, pero es también el sujeto que hace posible la solidaridad y la condición de convivencia, de compartir, de la comunidad y de la vida.

En este sentido, el trabajo precario no es solo una lástima, un problema, una contradicción, un sufrimiento, a nivel económico y social: ante todo es una imposibilización de la amistad, de la solidaridad y, finalmente, de la felicidad y de un sentimiento de socialización real.


Ross Goldsen, una antropóloga americana, escribió hace muchos años una frase muy interesante:

“Estamos creando una generación de seres humanos que aprenderán más palabras a través de máquinas que a través de su madre”.

Es un cambio antropológico y cognitivo, psicocognitivo, muy profundo. La afectividad y el lenguaje están vinculados de manera muy profunda, y si pensamos que el aprendizaje lingüístico, la educación lingüística, se hace cada vez más de manera maquínica, tenemos que imaginar que el problema mismo de la comprensión, no solo como comprension verbal, sino también corpórea, también afectiva y psíquica, es y será problemática. Es aquí donde se posa el problema de la transformación política contemporánea. Al corazón de la solución posible está la cuestión del trabajo, por que si consideramos el lenguaje como un medium e instrumento de trabajo, estamos en una trampa. Trabajo es competencia, concurrencia, guerra entre los individuos. Si el lenguaje mismo, la afección misma, está vinculada al interior de la relación de trabajo, estamos perdidos. Tenemos que descubrir entonces la posibilidad de una dimensión linguistica que sea sustraída, liberada de la relación laboral y los ritmos que impone a nuestra vida intelectual y a nuestra vida psíquica.


La crisis europea


Lo que está pasando en Europa, en los últimos seis meses después de la crisis financiera griega, es la preparación de una tragedia. Una tragedia meticulosa, inevitable, obsesionada, paranoica. Una tragedia preparada por el capitalismo financiero, cómo lo hizo en los años 90 en la Argentina, con la devastación sistemática, consciente, de los recursos públicos y sociales y del común material e intelectual. Sin embargo, el colapso que se produjo en Argentina pasa a ser poca cosa comparado con el colapso que se está preparando en Europa.

¿Qué sucedió en Europa? La clase financiera, que en las décadas pasadas se apropió progresivamente de la riqueza colectiva, invirtió los capitales financieros de manera extremadamente riesgosa. Al final se declaró en colapso y dijo los bancos no pueden pagar la deuda acumulada, no pueden enfrentar los títulos tóxicos que circulan en las finanzas globales. Así, especialmente los bancos alemanes, franceses e ingleses, quedan en una situación de extrema crisis, casi de colapso. ¿Qué pasa en este momento? La comunidad, la sociedad, los obreros, los estudiantes, los maestros, todxs, son llamados a salvar los bancos. Tenemos que pagar porque hay que impedir la destrucción total del sistema financiero ¿Nosotrxs tenemos que pagar para eso? Ya pagamos en los 20 años precedentes y ahora tenemos que pagar una segunda vez, pero mucho más caro que la primera.

Hay una lucha que se está desarrollando en muchos países europeos. Antes fue en Grecia (abril, mayo de 2010). Una lucha desesperada, porque no había posibilidad de enfrentar a las fuerzas del capital financiero europeo desde una situación marginal y pequeña como la de Grecia. Los estudiantes y los trabajadores griegos fueron derrotados por la señora Merkel y por el gran capital financiero europeo. Pero Grecia era solo el comienzo: después vino la lucha en Francia. Sarkozy y el capitalismo financiero europeo quieren que los trabajadores franceses suban la edad de pensión a 65 años. Fueron obligados a aceptar una ley que los obliga a esperar 5 años más, a trabajar 5 años más. Hoy, los estudiantes en Italia y en Londres están manifestando contra los planes de destrucción de la escuela pública. Pero, ¿cuál es el horizonte común a estas luchas? El horizonte común es la alternativa entre la tristeza, la soledad, una situación de guerra cotidiana sin fin, o, del otro lado, una condición de felicidad compartida que puede reactivar las energías de libertad, de igualdad, de solidaridad en la dimensión europea.


¿Por qué tenemos que trabajar más? ¿Por qué tenemos que trabajar hasta los 65 años? ¿Por qué tenemos que trabajar en la noche, el sábado, el domingo? ¿Por qué hay un problema de competencia con India y China? Es una situación interesante cómo un obrero de India recibe 100 dólares al mes y un obrero alemán recibe 1500 dólares al mes ¿Cómo se puede arreglar esta cuestión? ¿Esperamos que los obreros alemanes ganen 100 dólares? ¿O creamos una situación en la cual la homogeneización del salario planetario va a devenir en una conquista de civilidad, para que los obreros indios reciban lo mismo que los obreros alemanes? Pero, sobre todo, ¿para qué estamos trabajando? Nos dicen que tenemos que producir más automóviles, más máquinas Fiat, pero al mismo tiempo nos dicen que los automóviles producidos en los años pasados no se venden, no se pueden vender. El 40 % de los automóviles producidos están en los almacenes. Entonces, ¿por qué tenemos que producir más y ganar menos, cuando no hay demanda, cuando no hay dinero suficiente para comprar lo que está en los almacenes? Es una dirección totalmente loca, obsesionada. Es la obsesión del crecimiento de la producción, que nos ha conducido a una dimensión sin salida, en la cual producimos cada vez más y consumimos menos, porque el salario baja. Entonces el colapso va a reproducirse y el resultado de eso es un empobrecimiento evidente de la sociedad europea. Este empobrecimiento va a continuar y continuar, y cuando la masa de los trabajadores está empobrecida, se manifiesta el peligro de un racismo creciente: “La culpa es de los marroquíes, de los argelinos, de los rumanos, de los migrantes que vienen aquí y toman nuestro trabajo”. Es la vieja historia del racismo que vuelve, la vieja historia del fascismo. Colapso económico y financiero, infelicidad masiva, fascismo: esa es la cadena que se está presentando en Europa hoy.


En un momento, uno de los paricipantes hizo referencia a un fragmento de La Generación Post Alfa, su último libro, editado en Argentina por Tinta Limón, donde se refiere al suicidio como estrategia posible de resistencia. Bifo aclaró que “no se trata de pensar que el suicidio es una forma de acción expresiva o liberatoria, de ningún modo. Se trata más bien de un síntoma enorme en la época presente. Por ejemplo, vamos a China: la acción más significativa a nivel político, social, la acción definitiva que obligó a la dirección del Partido Comunista Chino a reconocer el problema obrero del salario, fue el suicidio de decenas y decenas de obreros en la fábrica Folkson, la fábrica más grande en el mundo. Otro caso, Francia: los obreros de Peugeot, de Telecom France, se matan en un número increíble. Hubo 143 suicidios en Telecom France en un año. También en Bologna: hace diez años los trabajadores del transporte urbano eran 3 mil. Hoy son mil doscientos. La mayorìa fueron licenciados y en los últimos meses muchos se mataron, a causa del sufrimiento, del agotamiento psíquico producido por el trabajo del transporte. Pero también la acción terrorista, la acción de los integristas islámicos, tiene que ser considerada en su realidad psíquica, no en su imaginación teológica, o ideológica. Lo que me interesa no es Alá, lo que me interesa es lo que pasa en el psiquismo, en la afectividad de los jóvenes árabes que deciden matarse para exprimir una humillación profunda, un malestar profundo, que es producido por la globalización cultural, imaginaria y no solo económica. Ese es un síntoma gigantesco, no una forma de expresión. Pero si intentamos trabajar sobre este síntoma, tenemos que reconocer el problema de la esperanza. Esperanza es una palabra que no me gusta mucho, tiene demasiado sabor católico que no me pertenece. Yo prefiero hablar en términos materialistas, de posibilidad. Cuando nos preguntamos a propósito de una cuestión como el suicidio, tenemos que reflexionar sobre la posibilidad de una nueva dimensión colectiva, porque la dimensión colectiva tradicional no funciona más. La ciudad no existe, fue sustituida por la social network. Y la pregunta es cómo puede reconstituirse una dimensión de afectividad erótica, social, física, carnal, existencial y no solo informativa, en una época en la cual las personas se relacionan la mayoría de su tiempo de manera desencarnada, virtual.


La alternativa no es meramente política. Yo diría que es psico-cultural. Una alternativa que se funda sobre la conciencia de que no tenemos necesidad de todas las mercancías que nos obligan a producir, no tenemos necesidad de consumir individualmente, podemos crear redes de consumo colectivo, cómo pasó en Argentina en 2001, 2002. Tenemos que aprender el arte del compartir, el arte de la colectivización, porque ese es también el arte de la felicidad. Felicidad no significa nada trascendental. Significa, simplemente, como las aves en el cielo y como las flores en los campos, la capacidad de vivir nuestro tiempo, nuestra extensión temporal, de una manera que no sea obsesivamente orientada al consumo, a la productividad y a la competición. Esa es la felicidad posible hoy. Y esta felicidad no puede construirse más que en la lucha, que no tiene nada de retórico, que es simplemente la suspensión de una relación de dependencia, la conciencia del hecho que si el trabajo es precario, nosotros no necesitamos trabajo. Nosotros podemos crear redes de autoproducción, de autoconsumo, de consumo colectivo, y sobre todo, podemos crear formas de vida que no necesiten del hiperconsumismo actual. Estas formas necesitan de mucho más tiempo que compartir, mucho más tiempo para vivir de manera libre. Yo no tengo mucha esperanza. No creo que en los próximos años la situación pueda ir pacíficamente hacia una liberación. Yo creo que nos esperan años de empobrecimiento, de violencia y sufrimiento. Pero también veo islas de autonomía, que son al mismo tiempo islas de compartir, islas de felicidad. Y estas islas se están movilizando. En Italia, en Inglaterra, es la primera vez en 40 años que esto pasa. En Londres, 50 mil estudiantes que ocupan los palacios de gobierno, los palacios del partido conservador, 50 mil estudiantes que ocupan la ciudad y la transforman en un lugar humano, un lugar de felicidad posible. Lo que está pasando en Londres, así como en otras ciudades europeas, no es una ola imprevista que va a regresar como llegó. Es el comienzo de un período nuevo de conflicto, de lucha, de reconstrucción de la posibilidad misma de la felicidad y de la vida colectiva.


El problema de la autoorganización es un problema político, pero no se puede solucionar con las viejas modalidades de acción y organización política. El trabajo cognitivo es esencialmente dispendio, erogación de energía nerviosa e inteligente, al interior de la red global de producción. Entonces no se puede pensar que hay un lugar donde hay poder y que tenemos que ocupar este lugar. El poder está en todas las partes del mundo, está en nosotrxs, en nuestras cabezas, en nuestros cerebros. El poder es una forma de semiotización, de vinculación, de homologación epistémica, conceptual y psíquica que nos conecta, nos vincula y nos impulsa a producir plusvalía. ¿Qué significa entonces autoorganización del trabajo cognitivo? Significa romper la relación con la organización capitalista de la producción. Pero hay un segundo pasaje, que es el más importante: la reconexión del intelecto global, del intelecto general, con su cuerpo. La reconexión de la inteligencia colectiva con el cuerpo colectivo e individual. Eso significa, en primer lugar, la capacidad de volver a una condición física, carnalmente colectiva, de la acción comunicativa. Segundo problema: proponer, organizar una manera no mercantil de funcionamiento del cerebro colectivo. Eso significa claramente expropiación de la forma dominante del sistema de organización cognitiva. Expropiación y reconstitución del fundamento de la universidad y de la red misma. Hay un combate que tenemos que recomenzar de cero, al interior de la red. La web 2.0 es una potencia, pero es también una forma de alienación, porque la aceleración de la información produjo una condición de dependencia de los usuarios, que no son usuarios, sino también productores. Es la relación entre imagen y palabra, la relación de aceleración de la información a través de la imagen. La época You Tube es una época que nos da posibilidades nuevas, es verdad, pero al mismo tiempo, implica una aceleración de nuestra atención. La palabra no se puede entender, no se puede escuchar, no se puede reflexionar, no se puede elaborar, porque la palabra, el concepto, necesita tiempo. Y la sensualidad, la sensibilidad, el contacto, el erotismo, la palabra erótica, eso no puede acelerarse, no puede verificarse en condiciones de aceleración. Tiene que verificarse en condiciones de tiempo lento, de tiempo humano, de tiempo sensible. Hay un problema de multiplicación de la comunicación de red. Al interior del problema de la autoorganización del trabajo cognitivo, reconectar entonces el cuerpo y la palabra, reconjuntar los cuerpos detrás de la dimensión electrónica.

* Créditos de la entrevista:

Colectivo La Tribu
Producción y edición: Rodrigo Tornero, Diego Skliar, Sebastián Vazquez.

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