editorial rwx#2

lila pagola y luis britos

En estos largos meses que nos separan de nuestra última salida, se sucedieron muchas avanzadas contrarias a la cultura libre: el proyecto de la Ley Lleras en Colombia, el caso Taringa! o el proyecto de canon digital, ambos en Argentina.

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editorial #2

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Si bien nos hemos propuesto relevar y analizar procesos estructurales, las contingencias evidentemente precipitan discusiones, decisiones, y acaban modelando en estas encrucijadas -a veces temporalmente, otros de modos más duraderos- nuestras actitudes, prácticas, y percepciones: algo de la forma final que tendrán nuestros marcos legales futuros, y su consecuente influencia en nuestras prácticas cotidianas de compartir cultura: las mismas que hoy están en abierta y evidente contradicción con unas leyes creadas en otro contexto técnico y cultural, tanto a nivel de creación como de circulación.

Los marcos legales son el resultado de las concepciones sociales de autor, de obra, de creación y de las complejas dinámicas entre individuo y grupo social: tanto al concebir las acciones y capacidades que convierten al individuo en autor y al otorgar el valor social de su creación, como al definir los alcances de las normas que regularán la distribución de los beneficios derivados de la creación y el acceso a la cultura.

Las formas tecnológicas también modelan los procesos creativos, especialmente en relación a ciertas apropiaciones sociales que propician, o facilitan: tal es el caso de las prácticas de compartir cultura en entornos digitales como los que habilita internet.

Las iniciativas la ley Lleras, o el caso Taringa! buscan introducir amenazas, límites, temores -o directamente “casos ejemplificadores”-, para contrarrestar lo que la potencialidad técnica habilita al reducir los costos de la circulación de los bienes culturales a cuasi cero.

Son estos momentos de profundizar las discusiones, de tomarse el tiempo de comprender la ley -aunque casi nadie parezca respetarla, desde la percepción instalada-; tomarse el tiempo de distinguir “copia privada” de “copia no autorizada”, de pensar, discutir, e imaginar alternativas para el estímulo a la creación, en diversidad y calidad. Para ello será necesario revisar y discutir como eso está dándose hoy: ¿de qué viven -en tiempo presente- los que producen bienes culturales valiosos para toda la sociedad? ¿estamos distribuyendo eficientemente el valor económico generado por los bienes culturales? ¿qué políticas culturales queremos estimular para el futuro? ¿qué rol cumplirían los derechos de autor en esas políticas?

La cultura libre tiene respuestas generales a esas preguntas, que se han construido como prácticas paradigmáticas de la inteligencia colectiva: es el caso de las aplicaciones de software libre o la enciclopedia Wikipedia. Sin embargo, no necesariamente estos modelos podrán transpolarse a todos los “pequeños mundos” de la producción cultural: tenemos que tomarnos el tiempo de analizar y poner en práctica alternativas que contemplen las particularidades de cada disciplina y cada campo.

Para eso, es necesario que los protagonistas tomen la palabra, cuenten sus realidades, sus temores y también sus mundos mejores imaginados.

lila pagola y luis britos, noviembre 2011
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