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Comenzamos hablando de su experiencia en la creación de redes para distribuir información y promover el intercambio, prácticas en la que centran su trabajo / obra y que en un comienzo resolvieron a través de fanzines, para luego extenderla a los videos VHS donde el volumen y variedad de contenidos fue en aumento; hoy todo ello se ve ampliamente beneficiado por el arribo de la web.

-¿Qué aportó la web, que facilitó en lo económico, en la circulación y el intercambio?

Faca – Inicialmente fue por motivos de curiosidad en cuanto al soporte, que era novedoso y por supuesto alentaba el aspecto económico; con el tiempo fuimos descubriendo que ese mismo medio permitía otro tipo de comunicación.

Inne – El arte correo (2).

F. – Si, también estábamos participando en arte correo previamente a eso y eran muchos intercambios de correspondencia física, en papel.

- ¿Eso después pasó al mail?

F. – Claro con naturalidad el concepto de red, de intercambio de información y demás paso a otro soporte pero la lógica era similar.

- ¿Y con el software libre cuando empezaron?

F. – Con el software libre más conscientemente en el 2003, es decir ya lo utilizábamos, lo conocíamos pero como filosofía lo fuimos incorporando a partir del 2005.

- ¿ Y desde ahí cierra lo del software libre con las prácticas artísticas que ustedes estaban teniendo?

F. – Claro, encontramos similitud en cuanto al modo colaborativo y demás, que ya lo veníamos haciendo en otros soportes y funcionó perfecto como metáfora para sintetizar eso que queríamos contar utilizando otras herramientas. Esto sintetizaba justamente la filosofía que nos interesaba.

- Y con respecto a Compartiendo Capital, ¿cuándo comienzan con esa plataforma ?

F. – Formalmente en el 2005, habíamos organizado unas jornadas de discusión y debate en torno a las licencias alternativas y armamos unas jornadas en Planeta X (3) donde había gente del Conicet, usuarios de GNU/linux, artistas sonoros, artistas visuales que se pusieron a debatir en torno a estas cosas. Invitamos a Vercelli de Creative Commons (4) y las jornadas se llamaban “Compartiendo el Capital”: ahí se presentó por ejemplo una bebida cola de código abierto (5) entre otras cosas. Nosotros presentamos una cosa que se llamaba Pinhole Copyleft Camera (6), era una metáfora del open source utilizando una cámara estenopeica (7) y ahí lo denominamos al sitio Compartiendo Capital. Como vimos que había gente interesada que nos enviaba prototipos de cámaras y que podíamos generar una comunidad en torno a algo tan simple como una cámara estenopeica, promoviéndola como si fuera un producto, surgió el deseo de extenderlo al campo de las artes visuales en general y empezamos a pensar analogías en torno al open source y el campo de las artes visuales y a ensayar e investigar modos de trasladar esa misma dinámica, esa misma lógica a las practicas artísticas.

– Pero siempre conservando un contacto y un trabajo en el espacio público …

F. – Sí, nosotros siempre decimos que en Rosario es mucho más simple hacerlo, porque lo que uno ve como construcción de red en Internet en una ciudad de las características y el tamaño de Rosario es muy probable que uno pertenezca a uno o dos colectivos simultáneamente; entonces esa red y esa contaminación se da de hecho, es decir nos conocemos todos y es muy fácil armar trabajo en red física.
I. – Toda la experiencia previa, la de participar en el colectivo Planeta X, que es donde surge la propuesta ésta de hacklab (8) y del encuentro mismo con el software libre es importante. No es cualquier colectivo.

- ¿Ese fue el disparador, el primer gran proyecto?

F. – En realidad una conjunción de cosas: el hecho de haber participado, de haber conocido las chicas de Córdoba de “Liminar” (9), más participar en “Planeta X”, más técnicos con los que compartíamos el espacio del hacklab y algunas personas que vienen de la comunicación que estaban interesadas en las licencias alternativas. Toda esa conjunción es “Compartiendo Capital”.
I. – Nosotros veníamos trabajando en Internet, veníamos trabajando con guerrilla de la comunicación (10), con todo lo de “Pinche” (11), con una serie de usos que hacíamos de Internet . Pasar al software libre era como una cosa natural, era lo que había que hacer, lo veíamos así, eso dio lugar a “Compartiendo Capital”.

- ¿Quienes conforman hoy “Compartiendo Capital”?

F. – Somos nosotros dos en red con otras personas …
I. – Va por alianzas estratégicas, por ahí estamos con Iván Rosado, por ahí con Planeta, o vamos abriendo el juego a medida que haya juego y ganas de hacer algo.
F. – Lo que garantizamos es la continuidad en el tiempo de un soporte, y hay una serie de proyectos que se van desprendiendo en los cuales trabajan distintas personas. No necesariamente los mismos que participan en una cosa lo hacen en otra.

A veces los espacios de la institución-arte pueden resultar algo estrechos. Sucede, por ejemplo, cuando los artistas suman disciplinas – TICs, educación, cultura libre -, y sus relaciones se entablan a partir de ellas. Entonces nace la necesidad de reconfigurar la ruta, de ampliar los mapas, de contemplar la posibilidad de nuevas escenografías y actores. Sumamos a la entrevista a Lila Pagola.


Lila – Después de mi charla sobre proyectos de artistas y software libre de Argentina, en ISEA (12) me hicieron una pregunta: ¿por que los proyectos que había seleccionado de software libre eran sobre todo del interior del país y no de Buenos Aires?. Hasta ese momento yo no me había dado cuenta que la mayoría eran de Rosario y Córdoba. Los que yo mencioné fueron el trabajo de Judith Villamayor (13), que es bastante reciente, el de Jorge Crowe (14), que también es reciente en relación al software libre, y la Burn Station de Rama (15).

F. – Y decime alguna otra iniciativa desde Buenos Aires, porque a lo mejor es por desconocimiento. Yo sinceramente no conozco. Y además, Judith es de La Plata y Crowe de Mendoza.

L. – ¡Ciertamente!, o sea que ni siquiera ellos … esto me hizo pensar que en realidad tiene que ver con el peso institucional de nuestros respectivos mundos del arte. Como para nosotros, los del interior, nos resulta mucho mas difícil entrar al juego “en serio” del arte, de pronto nos ponemos a hacer cosas que nos importen mas o sea mas autÉnticas, con interlocutores más amplios y genuinos: algo que para los artistas que nos interesamos en las prácticas críticas con TICs ha empezado a suceder con las comunidades de software y cultura libre.

F. – Al no tener una “tradición”, entre comillas, de arte y desarrollo tecnológico vinculado con instituciones, como por ejemplo lo que propone Fundación Telefónica (16) en Buenos Aires, que tiene otro enfoque, de lo que entendemos arte y tecnología no estamos con una práctica connotada, por lo tanto podemos explorar lo que queremos, no hay demanda por parte de las instituciones.

L. – Además a mi me da la sensación que la mayoría de los proyectos tratan de salir de la institución, de buscar diálogo con otras comunidades, con cosas más “reales” que las que están adentro de los espacios institucionales. Acá los hay como en Rosario, pero la mayoría son de muy poco impacto fuera del grupo de artistas que circula por ahí.

F. – Nosotros estamos ahora desde hace dos o tres años en un proceso inverso, tratando que las instituciones se interesen en el software libre. Instituciones que no necesariamente están vinculadas con el arte, pero por ejemplo en términos de cultura general hay varios centros culturales y demás donde nos interesa incidir. Presentamos proyectos en esos lugares porque sabemos que se amplifica a un público más extenso que a los especialistas de siempre.

- ¿Y que tipo de proyectos están presentando ahí?

F. – Hemos trabajado con niños, jóvenes y adultos en varias oportunidades, con la secretaría de cultura local y asociaciones civiles. Proponemos y participamos de eventos y talleres vinculados al arte y al software libre, entonces se acercan docentes de escuelas, algunos artistas y jóvenes activos en la web 2.0. Recientemente mostré cómo usar programas de gráfica en un lugar que capacita a jóvenes en situación de calle. Con Inne acabamos de participar de Usina Digital, un dispositivo municipal de divulgación.

L.- Es otro mundo, complejo, pero está bueno ponerse en esa tarea de articular con otros espacios, otros actores, otras prioridades …

F. – Si, hay espacios donde se forman docentes y ellos están generando tendencias. Acá, en Rosario, al menos se hace cada tanto. Poder dictar ahí dos o tres talleres que tengan una visión de lo tecnológico desde otro lugar está bueno. Poder llegar a involucrarse con la educación pública, con esos otros espacios donde habitualmente uno no llega.

- ¿Filosóficamente está mucho más cerca que lo que se puede desarrollar desde la institución arte?

F. – Lo que sucede con la institución arte es que desconoce totalmente todo esto, le encuentran escaso o nulo valor, al menos en Rosario. No hay una formación por parte de los curadores o de la gente que está a cargo de esas instituciones, una formación que valore este tipo de prácticas. Porque uno parta del campo del arte no quiere decir que todo lo que desarrolle vaya en ese sentido.

- No todo es obra de autor.

F. – (risas) Hay cosas que no tiene sentido llamarlas obras. En esas prácticas que uno hace con otros está bueno que se desdibuje también esa idea de obra.

Notas